Volver a consulta 3 años después…

La última vez que nos vimos fue hace casi tres años, era la primera vez que mi marido acudía conmigo a la consulta de mi ginecóloga habitual y ésta vez llevábamos un sobre con sus resultados, que como muchos, habíamos abierto antes en casa y habíamos intentado descifrar en Internet. La confirmación de lo que sospechábamos sumado al gesto de esa ginecóloga siempre tan sonriente y mezclado con las palabras “aquí termina mi trabajo os haré una carta con vuestro diagnóstico para la clínica de reproducción asistida” hizo que me dejara llevar por esas lágrimas en público que tanto odiaba. Me dejé caer débil, vulnerable, sin fuerzas, sin rumbo, me costó salir de aquella consulta para no volver, y me agarré ingenua a las palabras que aquella ginecóloga ante semejante papeleta quiso regalarme, “no llores, en un par de meses te tengo aquí vomitando embarazadísima” “esto es muy rápido y lo tienes todo de tu parte”.

Esas palabras me han dolido en cada aniversario de aquella consulta y en cada día señalado pero esta vez va a ser distinto. Vuelvo a su consulta, simplemente para una citología rutinaria, vuelvo yo, con mi historial mucho más agrandado pero sin ser la misma.

Ya no siento ese miedo a lo ajeno, esa desconfianza a las batas blancas, esa incertidumbre y vulnerabilidad, pero sobre todo ya no vuelve a su consulta aquella persona débil y escurridiza. En este tiempo, creo que he madurado más de lo que creí que se podía, ya me sentía madura antes en otros aspectos de mi vida, pero vulnerable en muchos otros. Todos los negativos, las cancelaciones, las subidas y bajadas me han enseñado a vivir el día a día, a dejarme llevar y no luchar contra un muro, la infertilidad me ha obligado a reinventarme mil veces, a escapar de ese muro con mil estrategias distintas, a no poner excusas a un problema. También se ahora que llorar es sano, que descarga la presión que se instaló en el pecho hace mucho.

En unos días volveré a esa consulta, no sé si mi ginecóloga recordará aquella chica que lloraba asustada, quizás no, yo si, la tengo muy presente pero esta vez va una mujer llena de fuerza, menos preocupada por ser perfecta, porque todo sea perfecto y mucho más humana, con un montón de señales y cicatrices que lejos de hacerme sentir imperfecta me hacen sentir fuerte y dueña de mi misma.

Además se encontrará con alguien que lejos de sentirse vulnerable por recurrir a la ovodonación, se siente emocionada, agradecida y especial, porque mientras ningún futuro irrefutable me diga que no, yo sé que voy a ser madre.

190414-es

Preparada para consulta.

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