Ha llegado el momento de escribir…

Hace semanas, muchas semanas que no escribo, bueno que no escribo aquí porque a mi eso de escribir es algo parecido a beber agua a diario. De algún modo desde la última entrada estaba de puntillas en mi propia vida y siendo sincera no sentía la necesidad de escribir, creo que he pasado estas semanas en algún tipo de nivel de semiinconsciencia ayudado por estrés en el trabajo y mil cosas más.

Este blog como muchos otros que andan por ahí es de ovodonación y en él quise desahogar mi paso a esta etapa, mis pensamientos, mis dudas y mis pruebas. Hoy puedo decir que la ovodonación me ha llevado hasta la ansiada semana 12, me ha permitido soñar con dos embriones implantados en los que poco o nada confié (perdón para ellos que tuvieron más fuerza que yo), en la semana 8 nos despedimos de uno de ellos y nos agarramos con fuerza al latido y las formas del que podía ser nuestro gran logro. Ahora en la semana 12 sigue ahí, fuerte, creciendo y yo no puedo quitarme esa sensación que me da cuando veo su imagen en el ecógrafo, esa sensación congelada de ¿estás ahí? ¿es tu momento? ¿el nuestro?

Tenía que escribir esta entrada para decir que todo sigue, pero a la vez tenía que cerrar esta etapa, jamás pensé que en la carrera por la ovodonación me pasaran de la carretera sin asfaltar a la autopista en la que me he subido y no quiero hablar aquí de embarazo porque la ovodonación no es sinónimo de embarazo como tampoco lo son ningún tipo de tratamientos, la ovodonación ha sido la que me ha llevado hasta este punto a mi pero cada historia y cada paso es un mundo con distintos destinos.

No siento la necesidad de hablar de embarazo, hace años pensé que no tendría tiempo en 9 meses de embarazo para aprender todo lo que hay que aprender sobre bebés y sin embargo pasados los años y metida ahora en un embarazo no siento esa necesidad, siento la paz que me da dejarme llevar en el tiempo, sin planes, sin aprendizajes, solo dejándome llevar, sin pensar en cambios, sin contar semanas, sin planificar como quiero que sea nada, hace mucho que perdí esa ansiedad por la decisión y entendí que poco se puede elegir.

Así que no sé si esto es una despedida o un cierre en el blog, no sé si volverá la necesidad de hablar del origen o de los duelos, ahora mismo no siento esa necesidad.

Hoy me siento en paz con todas la decisiones que me han traído hasta aquí, sobre todo siento que he cambiado ¿madurar? no, no creo que sea eso, creo que si has pasado por la infertilidad y no ha logrado cambiarte es que no has aprendido nada en el camino que te ha tocado andar. Ninguno elegimos a la infertilidad, nos elige ella, nos trastoca, nos destroza, nos desmonta y nos vuelve a montar, pone patas arriba tus relaciones sociales y familiares, cambia tu perspectiva, tus preferencias, tus proyectos, tus miras y sin agradecerle por supuesto nada de esto ni el paso por mi vida, tengo que reconocerle que me ha hecho más fuerte, me ha hecho conocer lo mejor y lo peor de mi y de mi mundo.

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Y a quien me lea hoy decirles que me siento agradecida por las personas que la infertilidad ha puesto cerca de mi y también por qué no de las que ha alejado, nunca se me dio bien hacer la criba a mi…nada más, hoy escribe una infertil con 12 semanas de embarazo que te anima a seguir y a decidir tu propio camino, y sobre todo que te desea suerte….

y llegó el momento “BETA”

Han pasado ya muchos días y ha sido una mezcla de falta de tiempo, de colapso y de elegir las palabras correctas para escribir esta entrada.

Éste es el segundo blog que escribo, el primero cerró una etapa para dejarle a éste empezar un nuevo camino y hace unas semanas cuando escribí la última entrada ya auguraba que el camino elegido había sido un nuevo error en nuestro largo historial de tratamientos.

La betaespera ha sido una mezcla de todo, de ganas de creer, de hacer números y ver que el % nunca estuvo a favor y de precipitarme hacia un resultado que por lo menos me dejara descansar de la medicación, esta vez heparina y progesterona. Por lo que decidí realizar la beta dos días antes a los acordados con la clínica. ¿por qué? pues porque ya había realizado anteriormente dos ciclos de ensayo para el test ERA y esta vez sabía exactamente el día que debería bajar la regla (casi podía calcular la hora) sabía que el tomar progesterona no sería freno para ella porque no lo fue en mis anteriores betas y porque justo la tarde de antes a ese momento comenzaron los dolores inequívocos de el inevitable desenlace. Resulta que el momento en el que esperaba esa regla era 6 días antes de la beta, me pareció un mundo, ¿6 días más para qué? si ya habíamos pensado en un plan b si no debíamos perder ni un momento más.

Y entonces llegó, llegó la beta que me haría tragar todas esas conjeturas y todos esos porcentajes y llegó con el que ha podido ser el tratamiento más desastroso de los hechos hasta el momento. Un 122 en un papel volvió a darle un giro a nuestra  noria de emociones, para seguir dos días más tarde con un 221 y la comprobación de que los test de embarazo de dos rallitas no son una leyenda urbana.

He deseado tanto escribir una entrada así cientos de veces, hablar de síntomas de una betaespera y la intuición de un positivo pero hoy me doy cuenta de que el destino es aún más caprichoso de lo que pensamos, no hay síntomas, no hay intuición, no ha habido un betaespera “relajada”, ni un positivismo extremo, ni un cuidado máximo, ha habido un tratamiento que esta vez, a saber por qué ha querido funcionar de momento.

Ahora ya ha pasado una semana de ecoespera, que si soy sincera por muchas ganas que tenga de comprobar que se cuece ahí dentro, preferiría que fuera eterna, que me congelara en este momento de “puede salir bien” de “hoy es positivo” porque es lo más cerca que he estado jamás de un embarazo.

Estoy feliz, lo estamos y lo estamos exprimiendo porque las que nos afiliamos desde hace tiempo al nivel “infertilPro” y hemos visto y compartido tanto siempre andamos de puntillas, valorando lo que tenemos hoy y no teníamos ayer y siendo prudentes ante las próximas tormentas.

Me he imaginado varias veces con el NO eterno, me ha dolido el “ya llegará” el “en el siguiente seguro” el famoso “si se puede” porque las que hemos llegado a un nivel Pro sabemos que a la ciencia le queda mucho por avanzar y no tiene respuesta hoy en día para todo y ese todo es enorme y las posibilidades a veces limitadas que no tanto las fuerzas. Yo no sé si esto al final será un SI rotundo que me aleje de esa idea de “no estaba para mí” pero hoy quería compartirlo con vosotras porque hoy si sabemos seguro que es un SI mañana y pasado ya lo iremos viendo.

Una amiga con la que he compartido varias etapas, en una conversación en la que le anunciaba mi interés por asistir a una “charla de experto” me decía “¿pero es una charla sobre embarazo o lactancia?” yo le decía que no, que era una charla sobre infertilidad a lo que respondía “y ¿por qué? si estás embarazada”…..

¿por qué? porque soy y seguiré siendo infértil, porque comparto y crece mi interés en el avance de lo que hoy aún se duda en este campo, porque me recargo la vida entre abrazos y reencuentros, porque es mi mundo mucho más allá de un positivo.

Así que sí, hoy estoy aquí con un positivo y quiero compartirlo….pero también quiero esos achuchones y esos abrazos, de las que están en sus buenos o malos momentos, en sus luchas y en sus treguas,  pero que siempre están y  saben que no daré consejos porque este destino es caprichoso y que pase lo que pase me quedo con el título de infertilPro y con ellas.

 

tras más de un año…volvemos a BETAESPERAR

Hemos llegado al punto clave de nuestra primera ovodonación, la betaespera.

Y pese a que el ciclo no ha dado los resultados que esperábamos o las posibilidades que pasar a ovo parecía prometer, aquí estamos, en betaespera hasta el día 20. Ayer tuvimos la transferencia de dos embriones A y C a día 3 que parecían haber descongelado bien y a los que les hemos dado la oportunidad que merecían simplemente por estar ahí y haber llegado a nosotros. No nos quedan congelados, como en nuestras anteriores FIV y volvemos a repetir muchas sensaciones ya vividas, pero pese a todo eso no sé si es mi mente o es mi cuerpo el que me transmite una pequeña esperanza, es una pequeña oportunidad y por pequeña que sea ahí está.

Si hace dos semanas me apresuraba a buscar un plan b y c, motivos y respuestas y análisis de las decisiones y errores cometidos, ahora mismo me siento tranquila, estar en betaespera lejos de lo que suele pasar me produce tranquilidad, me hace sentir un poco “más normal” como cualquiera de esas parejas fértiles que cada mes tiene una oportunidad, este mes yo también la tengo cosa que no he tenido desde hace más de un año y esa sensación me gusta.

Es una betaespera distinta a las dos  anteriores, en esta ecuación hemos metido varios cambios: donante de óvulos, heparina, transferencia en ciclo natural, un protocolo de transferencia distinto a los anteriores, hemos controlado la endometritis, hemos calculado la ventana de implantación…todo esto es lo que un largo año de pruebas y decisiones ha dado.

Las que ya hemos pasado por betaespera sabemos que es difícil afrontarla, que los primeros días sube la ilusión y los últimos dan paso a la desesperación, que entretenerse de poco sirve porque nuestra mente no se va a olvidar del momento en el que estamos pero que algo hay que inventar para anestesiar nuestra mente y frenar el ritmo. En mi primera betaespera me sentí semi-embarazada, mientras que una prueba no dijera lo contrario tenía células dividiéndose dentro de mi y lo disfruté, en la segunda lo viví con ansiedad en lugar de dos semanas parecían dos meses y se me hicieron eternos y ¿ahora? ahora no puedo predecir porque una cosa es la intención y otra el resultado….de momento me encanta como suena “estar en betaespera” es lo más cerca que puedo estar de un deseado embarazo y solo el tiempo sabe como de cerca o de lejos estamos……….pero ahora “a betaesperar”.

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a la ecuación anterior a la que añadía unas cuantas novedades también añado esta vez los tradicionales calcetines de la #infertilpandy un ingrediente más en este camino 😉

 

siguen los golpes…al vacio

Cuando abrí este blog hace unos meses, lo hice con la intención de cerrar una etapa de infertilidad anterior y encontrar el camino en la ovodonación. El camino anterior a la ovodonación ya había sido intenso y había dado tiempo a perder la inocencia en él, pero la ovodonación era algo nuevo, las opciones, los porcentajes, las esperanzas empezaron a recargarse a tal velocidad que taparon todos los miedo que este proceso conlleva.

La semana pasada fue la punción y os miento si os digo que no iba preparada para una semana intensa, pero ya nos habíamos montado el cuento de la lechera y ¿por qué no iba a ser este nuestro momento? todo empezaba a salir bien en otros ámbitos y esto parecía una racha imparable. Y sí, la punción fue bien, conseguimos 11 ovocitos maduros que podrían ser la pieza que encajara en nuestro puzzle, sin embargo la fecundación no fue bien, solo conseguimos 4 embriones el primer día y al llegar a día 3 teníamos un embrión A y un C que fueron congelados (ni se nos planteo llevarlos a blasto, supongo que por asegurar una transferencia o por evitar perderlos) otro de los embriones se había parado y quedaba uno regulero que dejarían evolucionar para ver si lograba mejorar o llegar a blasto. La llamada a los 5 días de los embriones solo confirmó lo que esperábamos, no había más, teníamos los dos embriones anteriores congelados a día 3 y nada más.

No voy a extenderme en explicaros como nos sentimos, cada uno de esos días, cada llamada y la semana en general. Cuando nos informaron de la baja tasa de fecundación me llamó el director del equipo médico para decirme que llevaban estudiando un buen rato ese resultado y no era ni de lejos el esperado, ellos hablan de una donante probada en otros tratamientos y que teniendo el esperma todas las pruebas realizadas no entendían la baja tasa de fecundación. No necesitábamos ni siquiera esas palabras para saber que nos habíamos equivocado, que llevamos años equivocados y que hemos hecho un camino equivocado. Quizás teníamos que pasar todo lo pasado para llegar a darnos cuenta de la equivocación, no culpo a nadie, un mal diagnóstico, el no seguir una intuición porque los resultados médicos están ahí, pero cuando recibimos esa llamada para saber cuantos ovocitos habían fecundado lo vimos claro, lo que desde el principio pensamos que pasaba ahora estaba claro.

Devastados, así nos sentimos desde entonces, estancados con la impotencia de que el tiempo marca los ritmo y las decisiones por muy contrastadas y meditadas no siempre son las correctas.

Empezamos el camino de la infertilidad con un diagnóstico severo masculino, pero claro, un cariotipo, un FISH y una fragmentación correcta y el problema masculino queda solucionado, total solo hay que coger un bichito y fecundar, nada más, pero hemos tenido seminogramas con 0%de formas normales a lo que nadie le dio importancia y si hablamos del FISH solo analiza 5 de los cromosomas posibles. Él tuvo varicocele de joven, lo operaron precisamente para que no tuviera que pasar por esto, pero o la operación no fue bien o esto no tenía solución.

No me arrepiento de haber intentado la ovodonación, para nada, tenía claro que el óvulo es el decisivo en toda esta historia y que un óvulo joven podría ayudar a un esperma deficiente, pero ni imaginamos exactamente cual será la gravedad del esperma para que nuestros embriones ni con mis óvulos ni con los de donante fecunde, ni sobrevivan más de 3 días. Pensé en que si lo lográbamos el vínculo que crea la madre al gestar el bebé es suficiente en esta ecuación por lo que salvar el esperma era una gran opción.

Ya no, y sé que muchos opinan que primero hay que ver que pasa con esos dos embriones que tenemos congelados, por supuesto, como bien me dijo una compañera de fatigas si sus propios padres no confían en ellos ¿quién lo hará? y sus padres hasta que se demuestre lo contrario somos nosotros. Iremos a transferencia en cuanto mi cuerpo lo permita, a poder ser en este mismo ciclo y siguiendo lo que la clínica nos diga, confiando en ellos y su criterio.

Pero por nuestra cabeza ya rondan mil cosas, nos equivocamos al cambiar de gameto, en mis punciones siempre conseguí un buen número de ovocitos, en la última 10 maduros, pensamos que ellos eran los culpables de no fecundar, que frenaban al esperma y ahora toca darle el giro a esto, toca volver a cambiar de gameto y volvernos locos del todo, pero tiempo al tiempo, no se abre una puerta sin cerrar la anterior y en nuestra larga lista de tratamientos (este ya era el 6º) pruebas y torturas, ahora toca ver como termina esta ovodonación.

La semana ha sido difícil, me engañé como una infértil novata y me dejé llevar, me ahogué con las noticias y me asfixie en mi propia angustia, lloré, pensé y me paralicé horas, incluso días, pero en un momento de esa parálisis en el sofá dejando que pasara un día más me quedé mirando las fotos que pegué en la pared hace unos meses, lo hice siguiendo la “terapia hacia la felicidad” impuesta por mi misma y en esas fotos nos vi a los dos, en nuestros viajes, en nuestros momentos y de repente en dos de esas fotos me pareció imaginar a alguien más, mi cabeza colocó una niña, las miré una y otra vez y recordé cuando una de vosotras me dijo “que un día se vio en su cama sujetando la mano de un bebé y en ese momento supo que ese bebé llegaría, lo visualizó tan real que le dio cierta paz” pues eso mismo experimenté. Nunca me he visualizado embarazada, ni con un bebé en brazos pero en esas fotos, entre nosotros había sitio para una niña, no era un bebé, pero sentí esa paz que necesitaba.

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La desesperación sigue, el dolor, la angustia y el cansancio también, me queda un hilito unido a esos embriones congelados y no lo voy a soltar ni a romper, con todo eso me queda ese pequeño momento de paz y con semejante mezcla de sentimientos de cordura y de locura me toca seguir, siempre toca seguir….

a 36 horas de la PUNCIÓN

36 horas???????????

cómo???????????

Estar un sábado en casa, sin mayor plan que poner un par de lavadoras, todo en orden y compaginar las visitas cuando de repente escuchas el teléfono y en la pantalla aparece el teléfono de tu clínica…un sábado?????la clínica????

Era la embrióloga para avisarnos que el lunes tenemos la punción de nuestra donante y debemos ir a dejar la muestra. La embrióloga?ya??????

 Pensé en no ponerme fechas ni calcular en que parte del ciclo estaba mi recién estrenada donante pero nunca imaginé que la siguiente llamada fuera ya para avisar de punción, pensaba que antes avisaban de como iba o pensé que como siempre algo podría torcerse en el camino y alargarse más de lo esperado.

He temblado, me he emocionado, me han venido los miedos y desde que colgué el teléfono no he podido dejar de pensar en ella, en cómo se encontrará, en como lo enfrentará, en si tendrá las dudas o los miedos que tuve yo en mi primera punción y me miro el vientre y recuerdo las veces que tuve mis ovarios repletos de folículos deseosos de una oportunidad, recuerdo mis ovarios y pienso en los suyos.

No sé que pasará la semana que viene, no podemos predecirlo pero ya me siento totalmente conectada con este proceso y con ella, mi donante, mi hada, mi oportunidad, mi otro yo en estos momentos y le deseo suerte en todo y le doy las gracias por ese último pinchazo que se administrará esta noche…es curioso, como tras pensar “¿por qué a mi?” tantas veces con ese tono de pesimismo, puedo ahora sentirme tan afortunada.

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Y llegó la llamada…

No terminaba de creerme aún que el test ERA hubiera salido bien cuando de repente un día más tarde volvió a sonar el teléfono.

Las llamadas de la clínica siempre son importantes, pero cuando has dado el paso a la ovodonación y esperas “la llamada” esa que anunciará que puede haber un donante para tí, en ese momento tiemblas por completo, se acelera la respiración y te subes de golpe en una nube de ilusión que podría comparar con los inicios de la primera oportunidad FIV.

Me llamaron para decir que podría haber una donante compatible conmigo pero que antes tendría que darle el visto bueno, me describieron su fenotipo y todos sus datos y me preguntaron si estaba de acuerdo, ¿de acuerdo? ¿enserio? como no estar de acuerdo con unir mi destino a esa chica que está dispuesta a pasar lo que yo bien conozco por mi sin conocerme siquiera. Hay lazos de sangre que ni unen tanto ni son tan generosos, porque nadie mejor que las que hemos pasado por FIV para saber que no es un plato de buen gusto.

No pienso en la ovodonación como en un catálogo de chicas donde buscar la que más se parezca a mi para engañar a la genética, no, en realidad es tan sencillo como que quiero ser madre, no quiero un mini yo copia de mi misma que sea capaz de ser lo que yo fui, seré o nunca alcancé, no. Ya renuncié con la anterior donante que me asignaron al grupo sanguíneo, revelar los orígenes es un tema delicado y muy íntimo, no sé si acertaré o sabré hacerlo bien pero solo el hecho de poder tener ese dilema en un futuro significará que lo logramos y con ese “lo logramos”se dispersarán muchas dudas y miedos.

La donante que me han asignado no tiene mis ojos, ni su color, ni muchos otros rasgos, tampoco el mismo grupo sanguíneo pero tiene las ganas, la intención y la fuerza como para querer dar este paso y estar ligada con suerte a mi futuro, con eso es suficiente, es mucho más que suficiente, así que no tengo dudas, solo el caprichoso destino nos dirá si es ella….esa parte que nos falta para completar las tres hojas del Iris.

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Volver a consulta 3 años después…

La última vez que nos vimos fue hace casi tres años, era la primera vez que mi marido acudía conmigo a la consulta de mi ginecóloga habitual y ésta vez llevábamos un sobre con sus resultados, que como muchos, habíamos abierto antes en casa y habíamos intentado descifrar en Internet. La confirmación de lo que sospechábamos sumado al gesto de esa ginecóloga siempre tan sonriente y mezclado con las palabras “aquí termina mi trabajo os haré una carta con vuestro diagnóstico para la clínica de reproducción asistida” hizo que me dejara llevar por esas lágrimas en público que tanto odiaba. Me dejé caer débil, vulnerable, sin fuerzas, sin rumbo, me costó salir de aquella consulta para no volver, y me agarré ingenua a las palabras que aquella ginecóloga ante semejante papeleta quiso regalarme, “no llores, en un par de meses te tengo aquí vomitando embarazadísima” “esto es muy rápido y lo tienes todo de tu parte”.

Esas palabras me han dolido en cada aniversario de aquella consulta y en cada día señalado pero esta vez va a ser distinto. Vuelvo a su consulta, simplemente para una citología rutinaria, vuelvo yo, con mi historial mucho más agrandado pero sin ser la misma.

Ya no siento ese miedo a lo ajeno, esa desconfianza a las batas blancas, esa incertidumbre y vulnerabilidad, pero sobre todo ya no vuelve a su consulta aquella persona débil y escurridiza. En este tiempo, creo que he madurado más de lo que creí que se podía, ya me sentía madura antes en otros aspectos de mi vida, pero vulnerable en muchos otros. Todos los negativos, las cancelaciones, las subidas y bajadas me han enseñado a vivir el día a día, a dejarme llevar y no luchar contra un muro, la infertilidad me ha obligado a reinventarme mil veces, a escapar de ese muro con mil estrategias distintas, a no poner excusas a un problema. También se ahora que llorar es sano, que descarga la presión que se instaló en el pecho hace mucho.

En unos días volveré a esa consulta, no sé si mi ginecóloga recordará aquella chica que lloraba asustada, quizás no, yo si, la tengo muy presente pero esta vez va una mujer llena de fuerza, menos preocupada por ser perfecta, porque todo sea perfecto y mucho más humana, con un montón de señales y cicatrices que lejos de hacerme sentir imperfecta me hacen sentir fuerte y dueña de mi misma.

Además se encontrará con alguien que lejos de sentirse vulnerable por recurrir a la ovodonación, se siente emocionada, agradecida y especial, porque mientras ningún futuro irrefutable me diga que no, yo sé que voy a ser madre.

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Preparada para consulta.

¿Vacaciones para una infértil?

Por supuesto, uno de los mayores errores a los que nos arrastra la infertilidad es a hacernos dependientes de ella y de sus fechas, sus planes y pruebas.

He pasado por aquí para no dejar a medias lo que avanzaba en la entrada anterior, pero es solo una parada breve porque este verano tras tres años dedicados por completo a la infertilidad todo el plan ha cambiado, si hemos pasado al plan O (ovodonación) también podemos pasar al plan V (vacaciones si o si).

Hace un mes teniamos donante, ya no, ella también tiene derecho a disfrutar sus vacaciones y las fechas no le han cuadrado, no sé si continuaremos con la misma donante o nos asignarán otra, pero bienvenida sea la elegida para semejante regalo, así que no hay problema posponemos unos meses porque nuestra clínica también para motores de cara a las vacaciones.

Por otra parte, tenemos varios resultados o novedades. Todas aquellas que habéis pasado a ovodonación ya sabréis que hace falta el análisis de la fibrosis quística para nuestros chicos y  nosotros ya hemos aprovechado para tenerla y ha salido todo bien. Hemos actualizado serologías de ambos (es importante que no tengan más de 6 meses o un año máximo).

Y lo importante, resultado de mi última prueba: Test ERA, que ha resultado ser insuficiente para analizar, cosa que solo pasa en un 2,5% de casos por lo que cancelamos esta prueba o repetimos. Pensé que ya no tendría que volver a pasar por semejante prueba ( ya van dos) pues no, me dieron a elegir y me dejé llevar porque si lo pienso mucho no la hago, es una prueba muy dolorosa aunque rápida. Sinceramente creo que mi biopsia o se ha perdido o traspapelado pero no me creo que no hubiera tejido suficiente para analizar (si alguien la ha perdido no puedo más que desearle que la sufra en sus propias carnes para no volver a cometer semejante error). Comenté nuestro caso con el equipo médico y finalmente compartimos la certeza de que pasando a ovodonación y con las pocas transferencias que he tenido de embriones dudosos no es una prueba que esté tan justificada, pero claro, por descartar (ese “por descartar” no me hace ninguna gracia, considero que es una prueba dolorosa e invasiva).

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No vamos ahora a pararnos a pensar en nuestra dichosa suerte o nuestro futuro incierto, no, ahora solo quiero sol, paseos, terrazas y risas, desconectar y conectarme con el verano. El otoño llegará sin miramientos y con él la cuenta atrás de un año más, los descuentos de fechas señaladas y los objetivos sin cumplir, así que necesitamos llenar nuestra memoria de momentos y fotos, ya sabéis como el cuento de la hormiguita que guarda para épocas más grises, en eso estamos. Hasta la próxima y a llenar esas mochilas de imágenes que canjear en otoño.

Y ella llegó…

Si, ella llegó para darme la oportunidad de volver a la batalla. Hace dos meses dimos este gran paso y hace solo uno que entramos en lista de espera para donante de óvulos, me parece increíble estar escribiendo hoy esta entrada y poder decir que tenemos esta oportunidad.

Hace 4 días que sonó el teléfono y mientras yo pensaba que se trataba de los tramites del test ERA escuche “creo que tenemos una donante compatible contigo, solo necesitamos comprobar el grupo sanguíneo” no sé si en todas las clínicas lo hacen del mismo modo pero intentan que el grupo sanguíneo coincida para que en un futuro no haya cálculos incómodos sobre el grupo sanguíneo resultante de unos padres que han echado mano de la donación. Cuando descubrí que ese era el motivo de buscar una donante compatible en grupo sanguíneo les expliqué que para nosotros no era importante, no sé si todo esto saldrá bien, si lograremos ser padres de este modo pero si lo logramos estamos convencidos de que desvelaremos el origen desde el primer momento (en otra entrada os detallaré esta decisión y su alcance) así que tras estudiar nuestro caso el equipo médico ha dado el visto bueno a nuestra donante y tan solo tenemos que firmar un consentimiento de que hemos sido informados que el grupo sanguíneo de mi donante no coincide con el mío.

Sí, todo esto significa que tenemos donante, hadita, alma gemela o como queramos llamarla y me parece tan mágico. Desde hace unos días no puedo dejar de pensar en ella y cuanto más la pienso más me enamora su decisión de ayudarme en este camino. Al inicio del blog os dije que este proceso necesitaría de la combinación de las tres fuerzas que representa un Iris, el valor, la sabiduría y la fe….ya tenemos su valor, el valor de donar una célula que puede hacernos tan felices y plenos. Nunca veré su rostro, su gesto o su forma de andar pero he pensado tanto en su forma de ser, en esa forma que le ha llevado a tomar esta decisión y dar el paso en firme que no puedo dejar de admirar esa determinación.

La clínica nos ha dado varios datos como la edad, 22 maravillosas primaveras, algunos datos más sobre el fenotipo pero yo ya la he fabricado en mi cabeza y no puedo estar más encantada con ella, ese destino al que llevo tanto tiempo odiando me ha dado un revés…. la ha puesto en mi camino para demostrarme que había una persona de 22 añitos destinada a cruzarse conmigo y librar junto a nosotros esta batalla. Ahora siento tan real ese hilo rojo del que tanto he oído hablar, ella y yo puede que nunca nos crucemos por la calle ni coincidamos en la misma cafetería, pero tenemos un hilo rojo que nos une en este momento y que si todo saliera bien me permitiría imaginar sus ojos en la mirada de un bebé, ya sabéis, tendría sus ojos y mi mirada.

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Gracias a “la chica de nuestro hilo rojo”

 

Yo me apunto…¿y tú?

En el calendario tenemos días para todo …¿cómo no íbamos a tener día para la infertilidad? para plantarle cara, gritarla o compartirla.

Gracias a la iniciativa de tres valientes, @edproyecto, @MartinaMision y  @IndiaSerMama va a tener lugar una gran quedada en Valencia y no puedo dejar de avisaros, a los que estáis empezando, a los que como yo hemos cerrado puertas para abrir otras o a todo aquel que sienta que la infertilidad también va con él, a todos os invito a apuntaros a esta gran iniciativa.

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En este mundo a veces por miedos y a veces por no sentirnos comprendidos acabamos recluidos en nuestra propia historia ajenos a que hubo otras historias antes y habrá otras después, más sencillas o más complicadas pero todas ellas cargadas de experiencias que compartir.

Nos vemos en Valencia.